Tertulias del Café Viena

Tertulias del Café Viena

Tertulias del Café Viena
Las vidas de Baroja y la de Neruda no fueron fáciles, pero sí gozosas en tanto en cuanto ambos lucharon de manera incansable por aquello en lo que creían y fueron hombres comprometidos con sus ideas que compartieron generosamente con sus tertulianos. Seguro que los debates del Café Viena tuvieron, parafraseando a otro poeta latinoamericano, Rubén Darío, “mucha miga”, teniendo en cuenta la talla de los tertulianos.
Pablo Neruda era un gran fan de Pio Baroja. Así lo confirman sus biógrafos y aquellos que lo conocieron. Las estanterías de la habitación del joven poeta estaban repletas con la obra de Baroja y a pesar de que su padre le tenía prohibido escribir y publicar en Chile, el joven se las ingenió para seguir haciéndolo sin despertar las sospechas de su progenitor. Así, durante un tiempo publicó firmando con el nombre de un personaje barojiano, Fernando Ossorio, aquel que en Camino de perfección tuvo que realizar un largo viaje de autoafirmación para darse cuenta que estaba dispuesto a llevar hasta el final sus objetivos sin importar qué ni quién se interpusiera en su camino.  
Para Neruda, como para Baroja, el camino no fue fácil y tuvieron que enfrentarse a las circunstancias y trabajar de lleno antes de poder dedicarse plenamente a su actividad literaria. Sin duda, Neruda fue un hombre empecinado. Logró seguir escribiendo y logró dedicarse plenamente a ello como logró vivir en Madrid a donde había llegado de joven y a donde se prometió volver muy pronto. Así, en 1934, regresó como agregado consular y más tarde fue designado Cónsul General, desempeñando poco después en Francia la labor de todos conocida para trasladar a los refugiados republicanos en el Winnipeg rumbo a Chile.
De sus años de residencia en Madrid en la Casa de la Flores hay varias anécdotas recogidas en sus memorias y narradas por aquellos que compartieron con él en tertulias literarias en las que se codeó con los intelectuales de la Generación del 27. Pero también sabemos, porque así lo cuenta Francisco Lucas Sansón en su libro Salmos del Café Viena. Recuerdo de Pablo Neruda, que frecuentó a sus ídolo de juventud, Pío  Baroja, en el Café Viena, en la calle Luisa Fernanda bastante cercana al barrio de Arguelles, donde tuvo su residencia. Tuvo que ser muy emocionante para él conocer a quien tanto leyó y admiró en su juventud y poder compartir con él ante una taza de café las preocupaciones literarias y políticas de los convulsos años previos al estallido de la Guerra Civil.
Lo imaginamos transitando por el barrio camino al Café mientras iba dando forma a sus inmortales versos en los que recuerda “Yo vivía en un barrio/ de Madrid, con campanas,/ con relojes, con árboles… Todo/ eran grandes voces, sal de mercaderías,/ aglomeraciones de pan palpitante,/ mercados de mi barrio de Argüelles…” Este poema se vuelve trágico cuando comienza a añorar todo aquello que se perdió con la Guerra y sobre todo a las personas, a los amigos poetas que desaparecieron para siempre y todas las desgracias que trajo aparejada y que, tristemente, vería repetirse en Chile años después. Pero Pablo Neruda escribió también grandes poemas que fueron canto a la vida y también a la lucha, como esta oda, de la que sólo presentamos un fragmento, y que queremos pensar que elaboró en torno al pan recién horneado en la célebre tahona que Viena Capellanes tenía en la cercana calle Martín de los Heros y que era llevado al Café dos veces al día.
Oda al pan
 
Pan,
con harina,
agua
y fuego
te levantas,
espeso y leve,
recostado y redondo,
repites el vientre
de la madre,
equinoccial
germinación
terreste….
 
Ahora
Intacto
eres
acción de hombre,
milagro repetido,
voluntad de la vida.
 
Las vidas de Baroja y la de Neruda no fueron fáciles, pero sí gozosas en tanto en cuanto ambos lucharon de manera incansable por aquello en lo que creían y fueron hombres comprometidos con sus ideas que compartieron generosamente con sus tertulianos. Seguro que los debates del Café Viena tuvieron, parafraseando a otro poeta latinoamericano, Rubén Darío, “mucha miga”, teniendo en cuenta la talla de los tertulianos. Lástima no haber estado ahí para presenciarlos…

 

Comentarios (0)

Deja tu comentario

Respuesta a
CAPTCHA Image
Play CAPTCHA Audio
Refresca la imagen